Wabi Sabi 侘寂, el valor de la impermanencia (estética)

Estética Wabi Sabi

El wabi sabi es el rasgo más notable y característico de lo que consideramos la belleza tradicional japonesa. A grandes rasgos, ocupa la misma posición en el panteón japonés de los valores estéticos que los ideales griegos de belleza en Occidente. Representa exactamente lo opuesto a los ideales occidentales de gran belleza como algo monumental, espectacular y duradero. No se encuentra en momentos de eclosión y exuberancia de la naturaleza, sino en momentos de asentamiento y principio. El wabi sabi no trata de flores maravillosas, árboles majestuosos o escarpados paisajes. Es lo intrascendente y lo oculto, lo provisional y lo efímero: cosas tan sutiles y evanescentes que resultan invisibles para la mirada ordinaria.

Interior de casa de té, Palacio Katsura, Kyoto

Fujiwara no Sadaie, poeta japonés del siglo XII, escribió un poema del cual se dice que capta el espíritu del wabi sabi:

Miro a lo lejos
y no veo cerezos
ni hojas matizadas:
sólo una modesta cabaña en la playa
a la luz de un atardecer de otoño.

El wabi sabi es una comprensión de la belleza que reside en lo modesto, lo rústico, lo imperfecto, incluso en lo decadente, una sensibilidad estética que halla una melancólica belleza en la impermanencia de todas las cosas.

Puede hallarse belleza en la fealdad. La belleza del wabi sabi es, en cierto sentido, el hecho de aceptar lo que se considera feo. Sugiere que la belleza es un acontecimiento dinámico que se produce entre uno mismo y algo más; es pues, un estado de alteración de la conciencia.

El wabi sabi es una apreciación estética de la evanescencia de la vida. Las imágenes wabi sabi nos obligan a contemplar nuestra propia mortalidad y evocan una soledad existencial y una delicada tristeza. También provocan un alivio agridulce, ya que sabemos que toda existencia comparte el mismo destino. 

El estado mental wabi sabi se comunica  a menudo a través de la poesía. Rikyu utilizó este poema de Fujiwara no Teika, poeta japonés del siglo XII, para describir el estado de ánimo wabi sabi:

Alrededor, ninguna planta en flor
ningún destello de las hojas de arce,
únicamente una solitaria choza de pescador
en la orilla a media luz
de este principio de otoño.

Cementerio de Igualada (Enric Miralles y Carme Pinós), Cataluña

Las cosas wabi sabi son expresiones del tiempo congelado. Están hechas de materiales que son visiblemente vulnerables a los efectos del tiempo y del trato humano. Registran el sol, el viento, la lluvia, el calor y el frío en un lenguaje de decoloración, óxido, deslustre, manchas, torsión, contracción, marchitamiento y grietas. Las cosas wabi sabi se aprecian sólo mediante el uso y el contacto directo; nunca se encierran en un museo. Tienen una cualidad vaga, desdibujada o atenuada, tal como les pasa a las cosas cuando se acercan a la nada o provienen de ella.

El inestimable contenido debe permanecer ahí de forma completamente auténtica, debe estar como si no estuviera; más bien, debería ser descubierto accidentalmente. En principio no se sospecha de la presencia de nada extraordinario, sin embargo, detrás de un examen más atento, una mina de oro auténtico brilla de forma inesperada. Pero el oro en sí mismo permanece siempre idéntico, se le haya descubierto o no. Retiene su realidad, esto es, su autenticidad para sí mismo, indiferente a las circunstancias.

Por tanto, mientras que wabi significa ser verdadero para sí mismo, la importancia estética de la idea de sabi reside en la estima por las cosas que sugieren edad, desecación, entumecimiento, frialdad, oscuridad, por toda una serie de sentimientos negativos que son lo opuesto a lo cálido, la primavera, el carácter expansivo, la transparencia, etc. Son, de hecho, sentimientos que proceden de la pobreza y la carencia; pero tienen también una cierta cualidad que los conduce a un elevado éxtasis estético. En alguna medida, wabi es sabi, y sabi es wabi; son términos intercambiables.

En el bosque, profundamente enterradas en la nieve,
la noche pasada, una rama de ciruelo abrió sus flores.

Nacimiento de árbol en un patio del Palácio da Vila, Sintra


Bibliografía

– Juniper, Andrew, Wabi Sabi. El arte de la impermanencia japonés, Ediciones Oniro S.A., Barcelona, 2004.
– Kakuzo, Okakura, El libro del té, José J. de Olañeta Editor, Palma de Mallorca, 2005.
– Koren, Leonard, Wabi-sabi para artistas, diseñadores, poetas y filósofos, Sd Edicions, Barcelona, 2006.
– T. Suzuki, Daisetz, El Zen y la cultura japonesa, Ediciones Paidós Ibérica S.A., Barcelona, 1996.

Fotografías de Álex G Coronado y artículo gracias a Drosophila notes.

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