Urashima Tarō (浦島太郎) – Taller de Origami y Leyendas Japonesas

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Después de Tsuki no Usagi (月の兎, el Conejo de la Luna) y Botan Dōrō (牡丹燈籠, Lámpara de Peonia), el pasado martes 18 de diciembre tuvimos la última de las tres sesiones del Taller de Origami y Leyendas Japonesas. Para terminar contamos la famosa leyenda de Urashima Tarō (浦島太郎): pudimos leerla, ver varias animaciones que la ilustraban (que podéis disfrutar más abajo), y nuestros alumnos aprendieron a realizar las figuras de una tortuga y del cubo en origami original (Tamatebako 玉手箱) y coprotagonista de la leyenda.

Como en anteriores artículos, os dejamos con unas fotografías del evento, la leyenda y varios vídeos de la leyenda de Urashima Tarō.

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Urashima Tarō (浦島太郎)

Hace mucho tiempo, un joven pescador vivía con su madre en un pueblo cerca del mar. Su nombre era Urashima Tarō. Un día estaba pescando a la orilla del mar cuando vio a unos niños que molestaban a una tortuga en la playa. Tarō sintió compasión por la pobre tortuga y la salvó de los gamberros. La tortuga se lo agradeció mucho y le dijo que quería invitarlo al palacio en el fondo del mar. Tarō se extrañó de las palabras de la tortuga, pero sintió mucha curiosidad. Por eso aceptó su invitación. La tortuga lo llevó en su caparazón y los dos se sumergieron en la profundidad del mar.

Tarō y la tortuga llegaron a un hermoso palacio llamado Ryūgū-jō (el Palacio Imperial del Dragón) y le recibió con entusiasmo la dueña del palacio, la princesa Oto Hime. Todos los días se celebraban fiestas con grandes banquetes y danzas con los más bellos peces. Todas las cosas del palacio Ryūgū-jō eran maravillosas y extrañas, y la belleza de Oto Hime fascinó a Tarō.

Disfrutó mucho de los días en el Ryūgū-jō junto con Oto Hime, pero transcurrido un tiempo echó de menos a su madre y su hogar en la tierra, y decidió volver a casa. Oto Hime sintió mucha pena, pero aceptó la decisión de Tarō. Al despedirse, Oto Hime entregó a Tarō una caja y le dijo que nunca la abriera.

Tarō volvió a su hogar con la ayuda de la tortuga, pero en el pueblo no pudo encontrar a nadie conocido. En su casa tampoco había nadie. Parecía llevar muchísimo tiempo deshabitada. Tarō se asustó mucho y buscó a alguien que pudiese darle alguna explicación. Después de mucho buscar, encontró a un anciano que había oído hablar sobre un joven pescador llamado Tarō. El anciano le contó que el tal Tarō había desaparecido en el mar hacía varios cientos de años y que nunca había regresado. El cuento del anciano lo dejó perplejo. Pensaba que había estado fuera sólo unos días, cuando en realidad habían transcurrido varios cientos de años.

Tarō se sintió triste y desconcertado. Esperaba haber visto a su madre y sus amigos, pero todos sus conocidos habían muerto muchos años atrás, y nunca podría volver a verlos. No deseó permanecer en el pueblo y pensó en cómo regresar al palacio de Oto Hime. Entonces se dio cuenta de que aún tenía la caja que Oto Hime le había regalado. Aunque la princesa le había dicho que no la abriera, le pareció que la caja era única vía para volver al palacio del mar, así que no pudo resistir la tentación, y la abrió. Del interior salió un humo blanco que lo envolvió por completo. Cuando se disipó y lo dejó al descubierto, Tarō se había convertido en un anciano de pelo blanco.

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